Todo el mundo es partidario de la paz. Pero cuando los judíos se saludan unos a otros con el famoso “Shalom Aleijem” – “Paz sobre ustedes” – ¿realmente se refieren a un deseo de paz interior, o no? Porque todos los placeres del mundo son sólo un camino hacia la paz interior. El camino número 42, “Maamidó al Hashalom” que literalmente significa “poner a las personas en paz”. La palabra en hebreo para paz, shalom, deriva de shalem, que significa completitud, perfección y plenitud. La verdadera paz es mucho más que el cese de la guerra. De hecho, la paz interior es independiente de las circunstancias externas. El mundo puede estar revuelto pero la persona puede estar en paz consigo misma. Y viceversa: el mundo puede estar en paz, pero la persona puede estar intranquila interiormente. ¿Qué es paz interior? Toda persona en algún momento u otro siente algún conflicto interno. Esto usualmente ocurre cuando se debe tomar alguna decisión moral. Cuanto más grande la decisión moral, más grande es el conflicto. Entendamos la fuente de esta lucha. ¿Quién está luchando con quién? Los 48 caminos dicen: esta batalla es entre dos “naturalezas humanas” opuestas – el cuerpo y el alma. El cuerpo busca comodidades transitorias y placeres sensuales. Él desea rendirse, soñar, posponer, dejarse llevar por pasiones. El cuerpo dice: “Dame comida, calor, una almohada. Quiero relajarme”. Por otro lado, el alma desea significado, logros, permanencia, grandeza, realidad y verdad. Estas dos fuerzas chocan. Nosotros queremos ser duros, pero nos sentimos como malvaviscos. Queremos ser grandes, pero no tenemos ganas de hacer el esfuerzo. Queremos ser independientes, pero nos sentimos seducidos. E incluso cuando no nos damos cuenta de ello, este conflicto se desata dentro de nosotros. ¿Quieres grandeza o quieres ser mediocre? ¡Despierta! La paz y la tranquilidad sólo vienen cuando nosotros resolvemos la lucha interna. Paz: Victoria del alma El Talmud enseña: “El justo habla a sus deseos físicos, mientras que los malvados dejan que sus deseos les hablen a ellos”. La pregunta es: ¿Quién dirige el show? ¿Quién dictaminará lo que harás? Los hedonistas creen que debemos dedicarnos al cuerpo y seguir sus deseos. Pero un placer mundano no dura mucho tiempo, y generalmente deja una sensación amarga. Cada vez que te rindes ante los deseos de tu cuerpo – por ejemplo: cuando pierdes la calma, fracasas en defender tus creencias, o caes en la seducción del cuerpo – tienes paz por un momento solamente. Al final terminas deprimido y enojado contigo mismo. El auto respeto – la única paz verdadera – proviene de nuestra alianza con el alma. Entonces, ¿cuál es la meta? Provocar que el cuerpo desee lo que el alma quiere, pues no hay manera de que logres tener paz siguiendo los deseos del cuerpo. Tu alma no se rendirá. Nunca. Pero el cuerpo puede aliarse con el alma. Por supuesto que “duele” un poco alejarse de un placer inmediato, pero podemos sobrevivir sin eso. Entrenamiento corporal Hacer que tu cuerpo esté de acuerdo con tu alma no significa que debes romper al cuerpo. El deseo del cuerpo es una fuerza positiva que debe ser trabajada. La clave está en enseñarle al cuerpo a proporcionar la misma energía y entusiasmo cuando busque “sentido”, como lo hace cuando busca un dulce. El cuerpo está donde está la pasión, donde está el poder. Llévalo a que se una a tu acción. Entrena tu cuerpo para que esté a tono con tu alma. Cuando sientas la resistencia del cuerpo, háblale. Discute con él. Imagina a un corredor al salir por primera vez a una larga carrera. El cuerpo protesta diciéndole: “No seas masoquista… tendremos un ataque cardíaco… no llegaremos más lejos que esa esquina… ¡Detente ya!”. Sólo un firme poder de voluntad puede quebrantar la resistencia del cuerpo y hacer que acepte. ¿Cómo? Constantemente recuérdale el gran valor que tiene estar en forma, delgado y saludable. “Esto es lo que realmente quieres… imagina lo bien que te sentirás… serás respetado… vivirás más años…”. Dos meses más tarde, si llegas a perder un día de entrenamiento, tu cuerpo te reclama: “Hey, me he perdido del placer de correr, ¿qué está ocurriendo?”. Averigua lo que quieres y gobierna sobre tu cuerpo. Continúa hasta que la resistencia de tu cuerpo se debilite y se convierta en el socio de la voluntad de tu alma. Así como salir a correr, tú puedes medirlo: ¿Cuánto llevará hasta que el cuerpo siga mi meta? Puede llevar un tiempo hasta que el cuerpo se ajuste… pero cada vez es más fácil. Utiliza la disciplina. Hunde la pasión de tu cuerpo en los deseos de tu alma. Prepárate para esa locura del cuerpo luchando en tu contra y no te rindas. Porque si te rindes, ¡entonces el cuerpo se volverá salvaje! Las metas del alma, los deseos del cuerpo Cuando estás encerrado en una batalla moral y ambas opciones son igualmente tentadoras, ¿cómo sabes que “voz” está hablando? Si el resultado de la decisión será comodidad y facilidad, entonces es probable que tu cuerpo esté hablando. Pero si el resultado será esfuerzo y paciencia, entonces tu alma es la que habla. La clave es enfocar tus metas. Si tú no entiendes lo que tu alma realmente quiere, entonces estarás encerrado en una constante batalla. El alma quiere ser buena y ayudar a otros. Ten cuidado de las personas que viven en ilusiones de paz. Ellos pueden decir: “Yo quiero hacer lo correcto”, pero ellos pueden ser demasiado histéricos como para sentarse a discutir los temas. El cuerpo teme perder el control de si mismo. Las personas que poseen paz interior dicen: “Ven, pensemos juntos”. El alma no tiene miedo. Una gran causa por la paz Una de las mejores maneras de hacer que tu cuerpo desee significado espiritual es tener una causa. La persona necesita enfocar su vida alrededor de una causa que es más grande de lo que ella es. De esta manera, el cuerpo se pondrá del lado del alma. Cuando nosotros luchamos por algo en lo cual creemos, el conflicto entre el cuerpo y el alma prácticamente se termina. Estamos dispuestos a llegar donde sea, pues la voz del cuerpo está sumergida en una insuperable causa. Esta es la razón por la cual en todo el mundo y a lo largo de la historia, hubo quien sacrificó su vida por elevadas causas. El nacionalismo es un ejemplo de cómo esto sucede. La guerra, tan destructiva como es, crea una causa más grande que la de los individuos que luchan en ella. Después de una reciente guerra un reporte muestra que los niños le preguntaban a sus padres: “¿Cuándo será la próxima guerra?”. Los padres dijeron: “¿Qué? ¡Una guerra es algo terrible!”. Los niños dijeron: “Cuando estuvimos en guerra, nuestra nación estaba unida, no había discordia, todos eran amables con los otros. ¡La guerra fue tan linda!”. Esa es la ironía. Cuando una nación está luchando por su supervivencia hay un sentimiento de paz interior. Las personas no se preocupan sobre pequeñeces como el auto nuevo del vecino, o que la mucama puso demasiado almidón a las camisas. ¡Hay algo más importante! Escuchamos cuidadosamente cualquier idea. Dejamos que cualquier persona capacitada nos lidere. Nos elevamos por la grandeza de la causa. Por supuesto, hay muchas otras maneras mucho más constructivas de lograr este efecto. Como arreglar el mundo, por ejemplo. La causa de todo Cuando las personas luchan por una causa, ¿qué es lo que buscan realmente? ¿Cuál es el deseo más grande del alma? Grandeza… eternidad… cercanía a Dios. Dios es Uno. Esa es la verdadera causa a la cual todos aspiran llegar. Salvar a la humanidad es algo pequeño comparado con hacer la voluntad del Eterno. Eso es supremo. Los judíos están en contacto con esto mañana y noche, al recitar el rezo del Shemá: “Escucha Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor es Uno”. Nosotros estamos enfocados en lo que el alma más quiere. Decir el Shemá es una herramienta efectiva para enfocarse, integrarse y completarse. Lleva a otro a lograr su potencial Una vez que tú has logrado algún nivel de paz interior, ayuda a otros a lograr lo mismo. De la misma manera que tú has pasado por las etapas para reconocer los conflictos internos, lleva a otros al mismo camino. Observa el potencial de tu amigo y elévalo a la grandeza. Sé ambicioso por él. Ambiciona hacerlo grande. Imagina: “Si yo puedo ponerlo en contacto con su alma, ¿cómo eso acrecentará sus poderes? Si él pudiera ser un ser íntegro, ¿cuán alto podría volar? Si él pudiera ser más feliz, ¿cómo eso transformaría su relación con los demás? Si él pudiera ser más firme, ¿qué grandes cosas podría lograr?”. Por supuesto, la siguiente pregunta es, ¿Cómo haces que alguien sea grande? Muchas personas están tan acostumbradas al conflicto interno que lo aceptan como un status quo. Ellas aceptan la mediocridad como una forma de vida, como si la grandeza fuera sólo para “grandes personas”. La gente frecuentemente no sabe lo que realmente quiere de su vida. Y no saben que es lo que realmente vale la pena perseguir, y pierden la motivación para intentarlo. Enseña a las personas a que tengan metas, y enséñales a averiguar qué metas son valiosas. Pregúntales una y otra vez: “¿Qué quieres? ¿Puedes ser realmente feliz si eres mediocre? ¿Puedes estar en paz si no te sientes realizado?”. Si inspiras a otros, eso te dará una distinta dimensión del poder de la sabiduría. Pues al trabajar objetivamente para ayudar a que otros sean poderosos, nosotros llegamos a serlo también. Además, si tienes éxito en desarrollar el potencial de otros, tú mismo has alcanzado la grandeza. Eso es un hecho. Pues el mejor regalo que la persona puede dar a otra es paz interior y tranquilidad. Y ahora tú compartes cada uno de sus logros. ¿Por qué la “Paz Interior” es un ingrediente para la sabiduría? * Si alguien no sabe por qué vive, entonces está en una guerra interior. * No puedes tener paz siendo mediocre. * Cuando pensamos en grande, nos hacemos grandes. Observa alrededor del mundo y mira cuánto puedes lograr. * La grandeza se alcanza liderando con el alma, y dominando el poder apasionado del cuerpo. * La verdadera paz viene sólo cuando tu cuerpo desea el éxito de tu alma. * Si tenemos éxito en hacer que otros sean grandes, nosotros mismos nos convertimos en personas grandes. * La causa suprema que el alma anhela es la unicidad con Dios.
LA PAZ INTERIOR…
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UNA MUJER QUE BRILLA…
Todos los días millones de mujeres en el mundo
afrontan la vida con una energía casi sobrenatural.
Muchas, al amanecer, despiertan a los niños para ir
a la escuela y, después de llevarlos ellas mismas,
se encargan de la casa y compran o disponen todo
lo necesario para proveer a su familia.
Eficientes y dinámicas, es muy posible que trabajen
toda la jornada en distintos ámbitos y que
se dediquen, además, a alguna tarea comunitaria.
Al regresar, las esperan todavía en casa los hijos,
el seguimiento de sus estudios, el final
de los quehaceres cotidianos y unas pocas horas
compartidas con su pareja…
Solteras, esposas, madres, amas de casa, empleadas o
empresarias, heroínas anónimas de nuestra historia:
la luz que irradian deja huellas a su alrededor.
Para cada una de ellas ha sido dedicado este libro.
Tal vez se sientan casi todopoderosas,
ya que han logrado su éxito después de recorrer
un arduo camino, pero su entrega a los otros
las hace olvidarse muchas veces de sí mismas.
Sin que pierdan esa maravillosa energía que todos
en silencio les agradecen, es necesario que incluyan
-entre tantas obligaciones- su propio espacio
de paz y bienestar.
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EL VALOR DE LA SOLEDAD..
Hace unos meses pensaba que mi vida estaba bajo control hasta que sufrí un colapso nervioso que me relegó a la cama. Allí descubrí la soledad y lo valiosa que ésta resulta para la vida espiritual, pues sin darme cuenta había caído en la trampa del ritmo moderno, guiada por tres conceptos equivocados:
1) El activismo es sinónimo de productividad
Poco a poco me había involucrado en más y más tareas para, según yo, servir al Señor. Pero como consecuencia, mi calendario se llenó de citas, mis semanas de compromisos y mis años de proyectos. De repente me hallé postrada en cama, sin energía y consumida por la tristeza. Por primera vez en mi vida, no sabía qué hacer. Me vi forzada a dejar mi trabajo, a cancelar mis compromisos y a desechar las listas de pendientes que poblaban mi escritorio.
Quien ha tenido esta experiencia sabe lo frustrante que es amanecer cada mañana sin fuerzas. No podía realizar mis actividades rutinarias pero tenía energía suficiente como para leer, y así mi estado de ánimo me impulsó a buscar consuelo en los Salmos. Entonces comprendí la importancia de establecer una parada en el camino para organizar mi vida alrededor de mi tiempo a solas con Dios (no al revés), y mirar a través de sus ojos, no los míos.
Una hermana en Cristo, a quien admiro mucho, me llamó en esos días y me dijo esta frase: «La inteligencia espiritual no es activismo, sino un estate quieto.» ¡Cuán cierto! ¿Cómo podía escuchar a Dios si me hallaba inmersa en prisas y actividades? Pude confirmar esta frase en el Salmo 46.10: «Estad quietos, y conoced que yo soy Dios.»
Aunque la solución temporal a mi problema fue el reposo para recuperarme de la enfermedad, reconocí que debía hacer algo práctico. De este modo me apropié de la idea que Ricardo Foster sugiere en su libro Celebrando la disciplina: llenar el día con dos o tres momentos de soledad, y designé un lugar especial para apartarme a orar, aunque fuera durante quince minutos. En ese tiempo me dedico a repasar mis acciones, a ponerme en manos de Dios y a comunicarle mis pensamientos. Trato de tener un espacio en la mañana, otro a medio día y, si es posible, un último en la tarde.
Esta decisión me ha obligado a decir «no» a llamadas telefónicas, invitaciones sociales, programas televisivos y otras cosas que causan interrupciones. Cualquier actividad que me robe parte de esos momentos o complique mi día al grado de que no pueda recostarme o sentarme para conversar con el Señor (aparte de mi tiempo devocional y estudio bíblico) debe ser desechada. ¿Difícil? Bastante. Pero los frutos compensan el esfuerzo.
Como Catherine de Hueck Doherty escribió: «Desiertos, silencio, soledad, no son necesariamente lugares, sino estados de la mente y del alma. . . Serán pequeñas soledades, diminutos desiertos, cortos silencios, pero la experiencia que traerán, si estamos dispuestos a entrar en ellos, será tan santa como todos los desiertos del mundo. . . Pues es Dios quien hace nuestras soledades, desiertos y silencios santos.»
2) El objetivo son las personas
Al involucrarme en un ministerio en el que ayudamos a la gente, mi lógica dictó que debía aceptar desayunos, almuerzos y reuniones para platicar con los que me necesitaban, ya fuera para escucharles, aconsejarles o animarles. Es cierto que las epístolas nos mandan realizar muchas acciones «los unos por los otros», pero la Biblia también nos enseña que la vida gira alrededor de la cabeza, no del cuerpo. El propósito es conocer y honrar a Dios; el centro del servicio cristiano es Jesús. Y aún cuando las personas son una parte fundamental, no son ni la fuente ni la finalidad. Por algo el Señor nos recuerda que Él es el primero y el postrero.
Quizá mi miedo a la soledad se acentuaba con la falta de compañía. Pensaba que al encerrarme en una habitación me hallaría completamente sola. Sin embargo, Lutero y Spurgeon dijeron que aún detrás de la puerta cerrada el diablo nos sigue, incluso a nuestros rincones más solitarios. Si siguió al Señor Jesucristo al desierto, ¡cuánto más a alguien como yo! En esos días de soledad «forzada», mis temores y preocupaciones me torturaron. En la lucha aparecieron pecados no confesados, motivaciones personales disfrazadas de piedad y el impulso secreto de ansiar, en el fondo, la fama y la recompensa material.
Contemplar mi engañoso y perverso corazón me desquició, pero las promesas del Señor triunfaron y a mi confesión siguió la paz. Entonces ocurrió algo mejor: ¡mi compasión aumentó! Al verme víctima de mi pecado, valoré las batallas de los demás. En mi ceguera de creerme una «gran cristiana» había juzgado erróneamente, pero cuando me di cuenta de la «persona muerta en mi propia casa» (en palabras de Henri Nouwen), me fue más fácil perdonar y aprender que las guerras también se libran en la soledad del corazón.
Sin embargo, la soledad no excluye la comunión. Dietrich Bonhoeffer lo explicó muy bien en su libro Life Together (Vida en comunidad). Uno de los capítulos se titula: «Un Día Juntos» y el siguiente: «Un Día Solos». Bonhoeffer escribe: «El que quiere comunión sin soledad salta a un vacío de palabras y sentimientos, y el que busca soledad sin comunión perece en el abismo de la vanidad, el egoísmo y la tristeza.»
La clave está en el balance. ¿Mi error? Me incliné hacia el aspecto social descuidando mis tiempos de soledad. ¿La solución? La disciplina. ¿El ejemplo? El Señor Jesucristo. En Lucas 5.16 se nos dice: «Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba.» La palabra «apartaba» denota un hábito. La frase «a lugares desiertos» indica que elegía un sitio geográfico accesible, pero libre de interrupciones. La disciplina de la soledad tiene un objetivo: buscar a Dios en oración. Sin un propósito espiritual, no funciona.
3) Mucho ayuda, el que mucho habla
En mi familia siempre me han señalado como la más parlanchina. Puedo hablar por horas sobre varios temas, y quizá de allí nació mi afición por la literatura. Pero reflexionando sobre los días anteriores a mi crisis, noté que tanta actividad en mi calendario incrementó de manera natural el uso de mi lengua. ¿Qué se hace alrededor de una taza de café? ¡Conversar! Aún más en un grupo compuesto exclusivamente por mujeres. Además, en mi caso, hablaba más que escuchar, por lo que mis consejos carecían de resultados.
En mi peregrinaje de soledad no tuve otra opción que el silencio. Me hallaba en cama y, aunque recibía visitas esporádicas, la mayor parte del tiempo me encontraba sola. Esto me forzó a callar y, aunque de mi boca brotó un río de oraciones, al final este también se secó. Entonces aprendí que el mundo y Satanás promueven el ruido, ya que conocen el poder del silencio. Como la quietud incomoda, se llena el vacío con charla trivial, el televisor o la radio y, cuando la lengua se suelta, no puede ser detenida, llevando a su dueño a terribles pecados como la mentira, la crítica y el chisme.
Nuevamente Nouwen me ilustró en cuanto a los beneficios de la soledad pues, entre otras cosas, el silencio nos enseña a hablar. Una de las razones por las que me cuesta tanto trabajo callar es que me siento inútil. Me gusta tener el control. En la soledad uno se obliga a cerrar los labios y, al hacerlo, le entrega el control a Dios. No existe otro antídoto para la palabrería.
Lo más increíble es que cuando se empieza a disfrutar el silencio y se lo implementa en el ministerio, se cumple el proverbio: «En las muchas palabras no falta pecado; mas el que refrena sus labios es prudente» (10.19).
Esta práctica de soledad y silencio implica tiempo y esfuerzo. A veces siento que me duermo o comienzo a divagar. Quizá el peor enemigo sea la mente, con su tropa de pensamientos; sin embargo, cuando uno aprende a cerrarle la puerta, pronto desiste. Lo importante es recordar que esta disciplina libra de las preocupaciones y ayuda a escuchar la voz que el alma anhela, aquel silbo suave y apacible que experimentó Elías.
Al mirar hacia atrás sé que mi colapso nervioso tuvo un propósito. También reconozco que no será el último, ni que he aprendido todas las lecciones. Sin embargo, no me queda duda alguna sobre la importancia de tener un tiempo a solas, y no uno sino varios durante el día, para estar quieta, arreglar cuentas con el Señor y guardar silencio en su presencia.
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UNA FLOR SIN AROMA..
Yo creo que el pudor en las mujeres es como el perfume en las flores: es el alma de la belleza. Por hermosa, por encantadora que sea una flor, si al contemplarla no nos embriaga con su embalsamada esencia, pierde mucha parte de su belleza, pierde mucha parte de su encanto; y de igual modo la mujer, aunque sea más bella que la Venus de Nilo, si no rodea su frente la aureola de la pureza y del candor, si no hay en ella aromas de honestidad, si sus aterciopeladas mejillas no se colorean con el rojo matiz del rubor cuando en sus oídos resuenan palabras atrevidas o ve acciones indecorosas, aquella mujer queda convertida en una hermosa estatua de carne, para la cual no habrá un segundo Pigmalion que la anime con su espíritu.
Para mí, una mujer sin pudor es una rosa sin fragancia, ¡y es tan triste una flor inodora! Si yo creyera en los absurdos cuentos de las religiones; si yo me figurara que en Dios podían tener cabida las malas pasiones de los hombres, creería que las flores sin esencia eran las víctimas de las iras de Dios, las hijas desobedientes arrojadas del hogar paterno, las desheredadas de los siglos, para las cuales no había redención.
Como las flores sin aroma me parecen las pobres mudas del reino vegetal, las mujeres sin pudor me parecen más desgraciadas que las castas degeneradas de la India y del Peloponeso, los parias y los ilotas. Los primeros, según la ley de Brahma, descienden de una casta de individuos expulsados de las otras, por haber violado las leyes religiosas o civiles, considerada como impía, réproba y maldita por los brahmanes, siendo su existencia miserabilísima, merced a tan absurdas tradiciones: andan errantes por los bosques y desiertos, sin patria ni hogar, y no se mira como crimen el asesinato en sus anatematizadas personas.
Los segundos, reducidos a la esclavitud por Agís , rey de Lacedemonia, fueron tratados indignamente por sus vencedores. Se les sometió a los más repugnantes oficios, y ni siquiera se les permitía dormir en Esparta… En épocas fijas del año, se les azotaba implacablemente, para recordarles que eran esclavos, y a veces se salía a caza de ellos, como si hubieran sido fieras, o se ejercitaban con ellos tirando al blanco…
Pues bien, tan infeliz como el paria errante y tan humillado como el vencido ilota, me pareció una hermosa niña que hace pocos días vi una noche en un café vendiendo billetes de lotería.
Representaba doce o trece años: era blanca y sonrosada; su abundante cabellera negra coronaba con graciosos rizos su espaciosa frente, y descansaba, con estudiado abandono, sobre sus hombros. La más provocativa y picaresca sonrisa entreabría sus labios, y su mirada se fijaba con descarada insistencia en las mesas donde había hombres solos que se reían con la mayor algazara.
Llevaba un traje de percal rosa pálido, y agitaba entre sus blancas manos unos cuantos billetes de lotería, que ofrecía a los jóvenes apoyándose familiarmente en sus hombros, jugando con el bastón de alguno de ellos o quitándole al otro un rojo clavel que lucía en el ojal de la levita, para colocarlo ella en su risueña boquita con la mayor gracia y descaro; hecho todo esto con tanta soltura y naturalidad, que se conocía perfectamente que estaba acostumbrada a aquel triste género de vida.
Al pasar por delante de la mesa donde yo me encontraba, apenas se detuvo, haciéndolo en la inmediata, donde había cinco muchachos de buen humor, dispuestos a reírse hasta de su sombra. Allí se paró la niña, y entonces, aprovechando la ocasión, le hice seña que se acercara para verla mejor, y le pregunté:
-¿Cuánto tiempo hace que recorres por la noche los cafés vendiendo billetes?
La muchacha me miró con cierta sorpresa, que tenía mucho de desagradable, y me contestó con sequedad:
-Más de cinco años.
-¿Y cuántos tienes, hermosa niña?
-Pues, más de doce.
-¿Cómo te llamas?
-Yo me llamo Rafaelita.
Y haciendo una mueca graciosísima y dando media vuelta con el mayor desdén, se dirigió a otra mesa, tarareando alegremente una canción popular.
En el poco tiempo que me dejó mirarla, no vi en su semblante el menor rastro de inocencia, patrimonio exclusivo de la niñez. Su mirada era provocativa; su sonrisa desdeñosa y burlona; sus movimientos demostraban la más completa desenvoltura, y su voz, algo bronca, revelaba el abuso de bebidas alcohólicas. ¡Cuánta compasión me inspiró la bella criatura! ¡Era tan linda! A pesar de su desgaire, de su descoco, aún la infancia pugnaba por envolverla con su manto de color de rosa.
Su rostro era lozano, como la rosa primeriza del lluvioso abril; su frente tersa como el mármol de Italia; sus ojos brillantes y negros; la flor aún estaba en capullo, sin embargo de que la pobre niña pugnaba por arrancar violentamente sus nacientes hojas.
La seguí con la mirada largo rato, y la vi, semejante a una mariposa, correr de una mesa a otra, hablando, riendo, jugando con sus conocidos; después desapareció…; mas no de mi mente su recuerdo, ni su graciosa silueta. Su imagen se fotografió en mi imaginación, de donde no se esfumará fácilmente.
¡Pobre Rafaelita! He aquí una flor que ha perdido su aroma antes de abrir sus pétalos a la luz del sol. Conocerá en teoría todas las miserias de la vida humana; en sus oídos habrán musitado todas las palabras obscenas; sabrá las historias más escandalosas; en cinco años rodando por los cafés, habrá aprendido todo lo malo, todo lo inútil, todo lo perjudicial para la mujer impúber y honrada; sabrá todos los atropellos de la prostitución, todas las concupiscencias indecibles, sin sentir espanto ante sus dolores.
A los siete años la pusieron en el camino más escabroso; la niña ha jugado con las espinas, y si bien los niños, al lastimarse, lloran de pronto, pasados unos instantes, olvidan el daño recibido y vuelven a juguetear alegres y confiados. De igual manera, Rafaelita habrá perdido esos hábitos pudorosos y honestos de la niña recatada. Lo sabe todo antes de haber crecido lo suficiente para codearse con las mujeres de mal vivir; para ella nada hay oculto; tiene la experiencia de la prostituta, sin haber salido de la niñez: ¡Pobre avecilla del primer vuelo! ¡Bella flor sin aroma! ¡Ay de la niña que crece entre la atmósfera viciada de los cafés públicos!… ¡Su fin es casi siempre el duro lecho de un hospital!…
Recuerdo a aquella niña con inexpresable tristeza; y, si no tuviera la certidumbre de que su actual existencia es sólo un capítulo de su eterna historia, preguntaría con amargura al Gran Desconocido:
-¡Oh, tú, quienquiera que seas!… Dime: ¿Por qué creas niñas hermosas para que arrastren por el lodo sus encantos? ¿Por qué las das un cuerpo luminoso, si lo han de cubrir de fango antes de su completo desarrollo físico? ¿Por qué nacen para la degradación? ¿Por qué hay mujeres que llegan a la ancianidad, ceñidos de aureola virginal sus pensamientos y su alma, mientras otras, como Rafaelita, dan un salto mortal desde la cuna al lupanar?
No, esto no sucede porque sí; tiene su causa justificada, aunque no por todos comprendida. Es necesario vulgarizar los conocimientos y hacer agradable el estudio de la continuidad de la existencia.
Yo, si no creyera que Rafaelita vivió ayer y vivirá mañana para recobrar el perfume del pudor, renegaría de Aquel que la hizo hermosa para aumentar su desventura; porque la belleza convertida en mercancía ambulante, es para la mujer carga tan pesada, que la rinde y mata sin haber vivido antes de llegar a la primavera de la vida.
¿Qué podrá recordar Rafaelita si llega a la edad madura? Una infancia sin reposo, una juventud sin ilusiones, la prosa de la vida en su realismo más crudo, más repugnante, más odioso. ¡Desdichado el espíritu que viene a la Tierra condenado a no gozar de la inocencia de la niñez, de la castidad y de la juventud. Podrá tener la hermosura del Apolo del Belvedere o la belleza de la Venus de Médicis; pero siempre será una flor sin aroma!
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MUJER COMPLETA …
Que nadie haya sido tan afortunado de darse cuenta la mina de oro que tú eres, no significa que brilles menos.
Que nadie haya sido lo suficientemente inteligente para darse cuenta que mereces estar en la cima, no te detiene para lograrlo.
Que nadie se haya presentado aún para compartir tu vida, no significa que ese día está lejos.
Que nadie haya notado los avances en tu vida, no te da permiso para detenerte.
Que nadie se haya dado cuenta la hermosa mujer que tú eres, no significa que no seas apreciada.
Que nadie haya venido a alejar la soledad con su amor, no significa que debas conformarte con lo que sea.
Que nadie te haya amado con esa clase de amor que has soñado, no significa que tengas que conformarte con menos.
Que aún no hayas recogido las mejores cosas de la vida, no significa que la vida sea injusta.
Que Dios está pensando en un hermoso príncipe para ti, no significa que tú no seas ya una reina.
Solo porque tu situación no parece estar progresando por ahora, no significa que necesites cambiar nada.
Sigue brillando.
Sigue corriendo.
Sigue esperando.
Sigue viviendo.
Sigue siendo exactamente como ya tú eres:
¡Una Mujer Completa!
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¿ QUE ES UN PAPA ?
Un papá, lo que se llama papá, es un superhombre, porque puede responder con prontitud una pregunta sobre Biología, seguida de una de Matemáticas.
Es un súper héroe que se disfraza de Superman y se desvela esperando que sus hijos regresen de la fiesta.
Un papá es una combinación extraña de razón y sentimientos, es el que sabe decir no cuando es lo justo y sabe decir sí cuando es lo conveniente.
Un papá zapatea duro cuando cumple con su deber y anda de puntillas en la noche cobijando cuerpitos fríos.
Es el único de la casa que persigue un ratón hasta atraparlo, así se muera de miedo por dentro.
Un papá es un higo que parece duro por fuera y es puro dulce en su interior, es un director de orquesta, es el constructor de un nido, es el maestro de la escuela de la vida.
Los papás tienen la billetera llena de fotos, de tarjetas, de teléfonos, de citas, de compromisos, menos de dinero.
Un papá tiene mucho de mamá aunque tenga cuerpo de hombre. Si hay que cambiar pañales, los cambia, cuando el hijo llora, él es el refugio, cuando el hijo ríe, él es la compañía.
Ser papá es jugar en la vida el papel de rey, no de un reino; sino del amor, la comprensión y la razón.
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TU CAPACIDAD DE SERVIR..
Tu capacidad de servir a los demás está
en proporción directa a la grandeza de tu corazón
y a la nobleza de tus sentimientos;
de igual manera, a medida que te esfuerzas por compartir,
dar, servir y ser solidario:
crece y se ennoblece tu ser interior,
convirtiéndote en mejor persona,
más feliz y con mayores posibilidades de vivir
una vida de mejor calidad.
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MUJER Y ADICCIONES …
FACTORES DE RIESGO ESPECÍFICOS EN LA MUJER
Centrándonos ya en los factores de riesgo específicos de la mujer la literatura consultada señala algunos que comentaremos:
Burin (1996), define algunos factores de riesgo que amenazan la salud mental de las mujeres y por lo tanto estos factores también pueden exponer a la mujer al abuso de sustancias, así mismo, varios de estos factores han sido estudiados por otros autores.
El matrimonio tradicional constituye un factor de riesgo para la salud de la mujer, en el hombre por el contrario viene a ser un factor de protección.
El trabajo doméstico igualmente se presenta como un factor de riesgo, en contraposición, el trabajo extra doméstica remunerado deviene de un factor de protección para la mujer sobre todo cuando ellas encuentran en esta actividad una satisfacción y confort en lo que llevan a cabo.
La doble jornada de trabajos, de hecho, es otro factor de riesgo sobre todo cuando la mujer es jefe o cabeza del hogar y no cuentan con apoyo de una pareja.
Tener tres o más hijos en casa al cuidado de la mujer también se constituye otro factor de riesgo
Síndrome del nido vacío, el alejamiento de los hijos del hogar, las mujeres siente que pierden la capacidad de procreación por una parte y por otra ya no tienen a quien dar cuidados.
El carecer de redes de soporte familiar y social, especialmente para mujeres que son cabezas del hogar.
El no mantener una buena comunicación intima y confidencial con su pareja, es otro factor de riesgo.
Forselledo (1996), también escribe acerca de los factores de riesgo específicos de la mujer:
Tensiones psicológicas angustia y depresión
Estrés por presiones sociales negativas
Sobre carga de horarios de trabajo y tareas domestica
Acceso a interacciones sociales asociadas al consumo de alcohol y tabaco
Perdida de valores y protectores familiares para el consumo
Un estudio realizado por el Instituto de la Mujer (2000)Da cuenta de ciertos factores de riesgo en el colectivo femenino, han trabajado los factores de riesgo en cuatro áreas familiar, individual, social y laboral.
Factor Familiar
El abuso de alcohol o drogas por parte del padre o de la madre.
Realizan tareas domésticas después del trabajo
Los problemas económicos que se presentan en la familia
El no tener buena relación con su pareja
Las malas relaciones padre-madre-hijo/as.
Factor Personal
La sensación de agobio o tensión
La sensación de no poder superar las dificultades
Sentimientos de perdida de confianza en sí mismo
El fracaso escolar
La insatisfacción personal
Factor Social
El uso de drogas en el grupo
La no participación social
La insolidaridad social
El conocer a consumidores/ras de drogas
La facilidad para obtener drogas
La marginalidad en el barrio
Factor Laboral
Las jornadas de trabajo laboral
La inquietud ante el futuro laboral
El agobio por el estrés en el trabajo
El cansancio intenso después del trabajo
Los trabajos a destajo o alto rendimiento
La excesiva importancia del dinero
La mala situación contractual
La insatisfacción en la función o trabajo
La insatisfacción con el trato recibido.
Extraído de la Revista Proyecto Hombre
Otros datos reflejan:
1. Mayor vulnerabilidad física al alcohol y las drogas
Al parecer las mujeres son más vulnerables al consumo de alcohol ya que sus efectos son mayores y esto es debido a proceso de metabolización del alcohol, las mujeres presentan menos enzima deshidrogenazas que ayudan a procesar el alcohol por eso a cantidades iguales de alcohol en hombres y mujeres, ellas se embriagan más rápido.
Otras investigaciones reportadas por el Instituto Nacional sobre Drogas de Estados Unidos â�� NIDA (2000), refieren que los niveles más altos de cocaína en la mujer pueden tener como resultado una conducta que se caracteriza por la búsqueda más intensa al consumo de drogas, específicamente la cocaína y hacer mas difícil que las mujeres que están bajo tratamiento dejen de consumir (Cunningham y cols. Lynch y cols).
2. Problemas en el Autosistema:
Bajo nivel de Auconcepto: esto tiene que ver con la percepción física y el valor que las mujeres le dan a su cuerpo, un bajo autoconcepto puede traer inclusive problemas de anorexia y bulimia que se presenta como un problema más unido al consumo de alcohol y drogas.
Baja autoestima: este factor tienen que ver con la capacidad que tienen las mujeres de valorarse y en el reconocimiento de sus limitaciones y potencialidades, muchas mujeres tienen una autoestima disminuida ya que basan su desarrollo personal por cuanto pueden conseguir y sentir a través de terceros, sea la pareja, hijos, madre, amigos, etc. De otro lado para las mujeres la relación de pareja continúa siendo la carrera femenina más deseada y valorada: un hombre debe forjarse su destino, porque esto le asegura una relación amorosa con la mujer, pero su destino le pertenece, dado que es un atributo de su inteligencia, de su capacidad. Si en su vida sufre un desengaño amoroso o una pérdida afectiva, puede ser muy dolorosa, pero generalmente no se pone en riesgo su autoestima. Si la autoestima de las mujeres se construye desde la capacidad de crear y mantener relaciones vinculares afectivas, la perdida afectiva las deja vulnerables y frágiles y predisponentes a desarrollar un comportamiento evitativo al dolor y al rechazo.
Autoeficacia: Viene a ser la capacidad que tienen las personas de operar cambios en si mismo y en su entorno, en la mayoría de los casos esta capacidad en las mujeres se encuentra valorada por el hecho de ser â��buena madre\”, â��buena amiga\”, â��buena esposa\”, etc., más que por los logros personales que ella pueda conseguir, pero cuando no cumple las expectativas para las cuales ha sido educada y criada esta capacidad se ve desvalorizada por su entorno y con mayor dureza por ellas mismas lo que se convierte en un factor de riesgo importante.
3. Relaciones Adictivas – Codependencia
Un número importante de mujeres han desarrollado problemas de abuso de sustancias psicoactivas por acompañar a sus parejas, o con la fantasía de que, consumiendo juntos consumirá menos y se harán menos daños o la pareja dejara de consumir, por que no desean que ella consuma. Muchas mujeres tienden a establecer y perdurar en relaciones afectivas en las cuales predomina el sufrimiento, el sometimiento, la falta de reciprocidad (la espera de la llamada telefónica, el manipular la relación para no separarse), y se vuelven codependientes de la relación. Lo real es que este factor tiene un correlato en la forma de crianza o lo que ha podido observar de la familia y en especial de la madre cuando niña o adolescente, ya que probablemente, el padre o hermano halla sido consumidor y la madre codependiente.
4. Acoso o abuso sexual
Muchas mujeres que consumen drogas manifiestan haber sido víctimas de acoso o abuso sexual inclusive de violaciones por parte de un familiar cercano que puede ser el padre, o algún otro miembro de la familia. (Hurley, 1991; Orrok, 1992). Así mismo Hurley (1991), Russell (1984) y Wilsnack (1984) pusieron de manifiesto que el abuso sexual durante la infancia es el principal factor por la que las mujeres buscan ayuda por problemas relacionados con el abuso de sustancias, violencia familiar, violación, emociones, matrimonio y relaciones. Paone (1992) refiere que algunas mujeres que han sido víctimas de abuso sexual, ingieren alcohol y drogas como un mecanismo de defensa, así como se automedican para aliviar los sentimientos de ansiedad, culpa, miedo y cólera que son resultado de la violencia.
5. Aceptación al sentimiento de rabia
Los sentimientos de rabia en las, mujeres, por lo general, no encuentran legitimación social necesaria para su clara percepción y su expresión. Esto conlleva a múltiples formas caprichosas inconsistentes y desproporcionadas de existencia de este sentimiento en la subjetividad femenina, tales como: la inhibición, que a su vez conlleva la restricción social, y la represión que conduce a somatizaciones y a la autoagresión.
â��La rabia que no puedo expresar contra el otro, en tanto, en cuanto, yo debo estar con y para el otro, y no contra el otro; se devuelve contra sí misma\”.
Las mujeres tenemos fama de histéricas, exageradas, descontroladas emocionalmente, la hostilidad latente no expresada muchas veces suele ser esa rabia contenida y desplazada que no es entendida por nadie, tampoco por la mujer que la siente, dado que no sabe de donde proviene, por ende cuando sale de esta forma desmedida, la reacción de la mujer suele ser la culpa y el autoreproche. Al hombre rabioso se le teme a la mujer rabiosa se le rechaza aunque se le tema. (Lara, 1998).
6. Agresiones y los actos violentos
Muchas mujeres son víctimas de violencia por parte de sus parejas, se han realizado diversos estudios que dan cuenta de este problema, específicamente la violencia intrafamiliar, presentándose como un factor potencial de riesgo, para el consumo de alcohol o drogas como una manera de sobrellevar o evadir las agresiones, En este aspecto la violencia contra la mujer en el hogar es, estadísticamente, la que mas se presenta como problemática en muchas partes del mundo y tiene diferentes matices. Forselledo (1996) refiere que las drogas se convierten en un refugio o escape para sobrellevar situaciones de violencia en la familia.
FACTORES PROTECTORES.
En la mayor parte de la literatura consultada observamos que se hace muy poca, casi ninguna referencia a los factores protectores específicos para la mujer, aun siendo importante el tener conocimiento de cuales son estos factores que se presentan en las mismas; estos no han sido muy estudiados, sin embargo, intentaremos realizar un acercamiento a los factores protectores que intervienen para que las mujeres no lleguen a desarrollar dependencias significativas en el consumo de sustancias sobre todo con las denominadas drogas ilegales.
â��Aparentemente algunos rasgos de identidad de género han podido jugar un papel importante en la protección de las mujeres. Así, por ejemplo el riesgo como valor tradicionalmente masculino ha separado a muchas mujeres de consumo de sustancias psicoactivas mas arriesgadas, acercándolas a dependencias más aceptables como el consumo de benzodiazepinas\”. (Palop, 2000)
Otro factor protector importante es la inserción laboral o social, muchas mujeres necesitan de las relaciones interpersonales para poder sentirse seguras, tienen la necesidad de referentes que las contengan, el pertenecer a grupos sociales en donde ella pueda desenvolverse y desarrollarse sintiéndose segura, va a ser contribuir en la autoestima, así mismo el trabajar y sentir independencia, el ganar dinero y sentir que puede contribuir con la economía de la casa, hace que la mujer se sienta que bien.
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EL RESPETO EN LA MUJER..
Desde épocas antiguas se ha mantenido a la mujer en grado inferior que al hombre. Ha sido considerada como una esclava y hasta la fecha, aún no recupera del todo su individualidad.
La mujer posee las mismas facultades que el hombre y debe hacer uso de ellas en las mismas condiciones que el hombre.
La mujer es medio ser. Unidos ambos forman un ser entero, completo y capaz de llenar cumplidamente su misión en la tierra.
Separados e individualmente considerados, vale tanto uno como el otro, existe entera igualdad.
Por groserías de hábitos, el hombre en todas las esferas sociales, se cree con derecho a considerarse superior a la mujer y por este motivo abusa de la circunstancia para hablarla en tono impropio, ofensivo, la más de las veces, a la personalidad de la mujer.
En una palabra no hemos aprendido a respetarla debidamente. A tal extremo llega nuestra falta de respeto, que no miramos ni su edad. Esto es extremadamente perjudicial y de mala educación.
Si amamos la ilustración, la cultura y la moral, estamos obligados a moderar esa mala costumbre de ser irrespetuosos con la mujer.
Los que nos damos el título de socialistas, los que luchamos por la libertad de los oprimidos, esclavos, debemos tomar en cuenta que la mujer tiene una doble esclavitud, de manera que nuestros esfuerzos deben ir también a libertar a la mujer de ese cautiverio.
Respeto a la mujer.
Quién ame el progreso, quién ame la cultura y la moral debe respetar a la mujer. No miremos a la mujer como un objeto conquistable, o como un juguete de nuestras pasiones. Miremos a la mujer, la mitad de nuestra vida, la compañera leal en la desgracia o en el placer.
Respetemos a la mujer.
Si amamos a la mujer como madre, como hermana, como compañera, como hija; si la respetamos con cariño en todas estas condiciones, debemos respetarla también cuando es nuestra amiga.
Si sentimos amor por la mujer, debemos amarla con respeto y cariño leal. Debemos abstenernos de albergar en nuestro ser, sentimientos innobles y caprichosos respecto a la mujer.
La mujer es la mitad de nuestra vida y la mitad de nuestro ser.
Cuando sea nuestra amiga debemos respetarla como si fuera la madre o la hermana, la compañera o la hija.
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EL VALOR DE UNA MUJER…
Cuando creé los cielos y la tierra, les hablé de existir. Cuando creé al hombre, lo formé y soplé vida en su ser. Pero a tí, mujer, te formé después de haber soplado el aliento de vida al hombre porque tu interior es muy delicado.
Permití que un profundo sueño se apoderara de él para poder crearte paciente y perfectamente.
El hombre fue puesto a dormir para que no interfiriera con la creatividad. Te formé de un hueso. Elegí el hueso que protege la vida del hombre. Elegí la costilla, que protege su corazón e interior y lo yergue y apoya, como tú debes hacer.
Te formé a partir de este hueso.Te moldeé. Te formé bella y perfectamente. Tus características son como las de la costilla, fuerte pero delicada y frágil.
Provees protección para el órgano más delicado del hombre, su corazón. Este es el centro de su ser, su interior contiene el aliento de vida.
La caja formada por las costillas se quebrará antes de permitir que se dañe el corazón. Sostén al hombre como las costillas sostienen al cuerpo.
No vienes de sus pies, para estar por debajo de él. No fuiste tomada de su cabeza, para estar por encima de él. Fuiste tomada de su costado, para estar a su lado y ser mantenida muy cerca de él. Eres mi ángel perfecto. Eres mi pequeña niña preciosa.
Has crecido para ser una espléndida mujer de excelencia, y mis ojos se llenan cuando veo las virtudes de tu corazón. Tus ojos, no los cambies. Tus labios, que adorables cuando dicen una plegaria. Tu nariz, tan perfecta en forma…
Tus manos, de tacto tan suave. He acariciado tu cara en tu sueño más profundo; he mantenido tu corazón cerca del mío.
Adán caminó conmigo en el frío del día y aún estaba solitario, él no pudo verme o tocarme, sólo pudo sentirme.
Así que todo lo que quise que Adán compartiera y experimentara conmigo, lo puse en tí. Mi bendición, mi fortaleza, mi pureza, mi amor, mi protección y apoyo.
El hombre representa mi imagen, la mujer mis emociones. Juntos ustedes representan la totalidad de Dios.
Así que,
Hombre: trata bien a la mujer. Ámala, respétala, ella es frágil. Al herirla me hieres a mí. Lo que haces a ella me lo haces a mí. Al quebrarla a ella solo dañas tu propio corazón, el corazón de tu padre y el de su padre.
Mujer, apoya al hombre, muéstrale el poder de la emoción que te he dado. Suavemente muéstrale tu fortaleza. En el amor, muéstrale que eres la costilla que protege su interior.
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