Posteado por: caminodegloria | febrero 9, 2009

LA FLOR DE LA ESPERANZA

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“El éxito de cada uno de nosotros está basado en la práctica de insistir, persistir y no desistir”
 

“Un hombre caminaba por el campo y encontró una piedra que le llamó la atención. Sus colores eran demasiado brillantes. “Ha de ser falsa”, pensó. “Es demasiado bella para ser verdad”. Y la tiró.

 Continuó su camino, pero nunca olvidó la piedra ni los colores de esa piedra.

 Años después, ese hombre fue a visitar a un amigo cercano a quien la fortuna había sonreído abundantemente. El amigo, sin embargo, se acercaba ya a sus últimos días de vida. Postrado en la cama, el amigo recibió a este hombre quien sin poder aguantarse le preguntó: “amigo, estás a punto de morir y desearía que no te fueras a la muerte sin decirme algo que me tiene curioso desde hace años. Dime, ¿cómo es que hiciste tu fortuna?”

 El amigo moribundo le contestó: “Ciertamente me queda poco tiempo de vida, así que también creo que eres la mejor persona a quién se lo puedo contar. En cierta ocasión, caminando por el campo, encontré un hermosa piedra de colores tan extraordinarios que parecía falsa. Resultó que esa piedra era una rara especie de diamante valorado en varios millones de dólares”.

El amigo que estaba escuchando, sintió de repente una sensación de molestia y enojo consigo mismo porque en ese instante supo que esa era la hermosa piedra que él había declarado como falsa y que, por su prisa e insensatez, había dejado abandonada.

 Disgustado de manera evidente, le dijo a su amigo: “Tú tomaste la piedra, y esa piedra te dio toda tu fortuna. Dios mío, no lo puedo creer. Yo la vi primero y la dejé pasar porque creí que era falsa. Qué estúpido de mí. Viviré angustiado y en remordimiento el resto de mi vida”.

 Sorprendido, el moribundo le contestó: “Pues vivirás así porque quieres” le dijo. Yo también creí que era falsa y la dejé también en donde estaba, más adelante me enteré que alguien la encontró, la valoró y se hizo inmensamente rico.

 Desde entonces supe y, ahora lo sé con más convicción que nunca, que las oportunidades están debajo de nuestras narices, en cualquier lugar y en cualquier momento. Aprendí la lección y desde entonces aproveché al máximo todas las oportunidades que la vida me dio y POR ESO  hice una gran fortuna”.

 “Yo, como tú -continuó- quería fortuna y riquezas y se las pedía a Dios continuamente. Esa piedra me enseñó a entender el lenguaje del Universo y a confiar en que Dios siempre responde a nuestras plegarias. Desde ese momento, acepté y aproveché todas las oportunidades que Dios me envió”.

 “A ti amigo, te pido que aproveches la lección que esa piedra me enseñó”. Y al decir esto, cerró los ojos y murió tranquilamente, sabiendo que había plantado una hermosa y rara flor en el corazón de otro hombre, la flor de la esperanza”.

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