Posteado por: caminodegloria | abril 16, 2012

La violencia contra mujeres aún no ha finalizado… ¡Basta ya!

En pleno siglo XXI, lejos de erradicarse, las mujeres aún siguen sufriendo en manos de hombres que no las respetan… ¡Basta ya! Aún hoy, una de cada tres mujeres es maltratada alguna vez en la vida. ¿Cómo es esto posible? ¿Hasta cuándo? 25 DE NOVIEMBRE: Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. El maltrato está latente en muchos hogares del mundo: al menos una de cada tres mujeres ha sufrido algún tipo de agresión o maltrato a manos de su pareja y/o a manos de hombres de su misma familia. A pesar de las campañas contra la violencia a la mujer que a nivel mundial se han llevado a cabo, a través de artículos, discursos, festividades, programas educativos al respecto, las estadísticas mundiales siguen siendo alarmantes y cuando una mujer muere en manos de un maltratador todos gritamos a voz en cuello “¡BASTA YA!”. Cuando hablamos con una mujer maltratada, la escuchamos, sentimos pena por ella, pero en la mente queda una interrogante: “¿Por qué no se separa de su maltratador?” Pero sería bueno también preguntarnos: “¿Por qué él la maltrata?” Como sociedad, familia y/o como mismo agresor, buscamos excusas, razones para maltratar y de una manera muy sutil se culpa a la mujer maltratada, y hasta se dan razones por las que la mujer merece o se deja maltratar. Consciente o inconscientemente de ello, se justifica al agresor como “un borracho o un enfermo”, “es que así creció en su familia”.   ¿Hemos progresado? Hoy en día, se han roto muchos de los principios morales y espirituales que aprendimos en nuestros hogares, para romperlos se habla constantemente de la“liberación femenina” sin embargo, es un término que se utiliza selectivamente, especialmente en las nuevas generaciones. Muchas mujeres pregonan a los cuanto vientos que en estos tiempos la mujer es libre para cubrir muchos roles que en otra época eran asignados al hombre, se vanagloria y pelea porque puede ocupar puestos importantes en el sector público, contribuir tanto o más que su pareja en los ingresos del hogar y aspirar a mejorar su educación académica. A todo esto podemos agregarle el “derecho” de la mujer para escoger su vida íntima con quien quieran y cuando quieran. Pero aun con todo eso, muchas mujeres viven bajo un patrón de abusos físicos y psicológicos de lo que aun no se ha podido liberar. Se dice muy comúnmente que la mujer ha sido instruida en sus hogares, a la mujer se le a inculcado desde sus primeros años a no rebelarse en contra de lo que el hombre diga y pida lo que según él, le pertenece cuando y como lo quiera. Hacen valer “sus derechos”, basados y seguros de su fuerza física, aún así la mujer muchas veces calla y oculta el maltrato, porque muy a pesar de todo siente que debe ser discreta, porque “los trapitos sucios se lavan en casa” y no se denuncian, convirtiéndose en “cómplices” de la violencia intrafamiliar, a la vez quienes vemos el maltrato desde afuera somos “testigos mudos”, ignoramos el maltrato aun cuando vemos claramente las señales corporales, moretones y cicatrices como resultado de los golpes recibidos. Nos quedamos calladas, porque pensamos que “si ella lo soporta y no denuncia, ¿por qué lo tendríamos que denunciar nosotras?”, convirtiéndonos de esta manera en cómplices de una sociedad machista, soportando y apoyando con nuestro silencio el maltrato y al maltratador. Si nos detuviéramos un momento a pensar las razones por las cuales la mujer que está siendo maltratada se queda en una relación donde los golpes físicos son el pan nuestro de cada día, encontraríamos que las razones pueden ser muchas, pero hay señales que no necesitan ser dichas con palabras, pongámosle atención a las señales de maltrato, preguntémosle a la mujer cuando sospechemos el maltrato, especialmente si es una familiar: ¿Por qué, o a qué tiene miedo? ¿Por qué siempre se ve ansiosa, tensa, nerviosa? ¿Por qué es esclava de un horario para volver a su casa? ¿Por qué nunca puede compartir con familiares o amigas? El hombre encuentra razones y excusas para continuar con el maltrato, para continuar con el dominio sobre la mujer, esto eleva su ego al darse cuenta que atemorizando y maltratando, consigue sobajar y someter a la mujer haciéndola sentir culpable: “Tú me provocas, me haces enojar cuando no haces lo que te digo, aún cuando sabes que todo es por tu bien”. “Dejas mucho que desear con tu comportamiento, ya te he dicho que no me gusta que hables con nadie, porque sólo te quitan el tiempo”. “Nunca haces nada bien, ni te esfuerzas por aprender”. “Eres una inútil, todo lo que haces lo haces mal”. “A mí me duele tanto como a ti golpearte, pero quiero que seas como yo te digo, porque si no lo eres te dejaré y si eso pasa, nadie se fijará jamás en ti”. “Perdóname, no volverá a suceder, sabes que te amo, pero tú tienes la culpa de que yo me enoje”. Y la mujer se queda en la relación convencida de que él cambiará cuando mire su deseo de hacer las cosas bien.


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