Posteado por: caminodegloria | noviembre 13, 2012

DE BUEN HOMBRE A MAL TRATADOR

Nos enamoramos pensando que el hombre que hemos conocido es el idóneo para nosotras… pero unos años más tarde, cuando ya estamos conviviendo con él nos damos cuenta de que dista mucho de ese ideal…
Y en algunos casos, descubrimos algo peor, que ese hombre es un maltratador.
Se suele recomendar que antes de entablar una relación amorosa, se intente ser precavidas y trate de conocer más al individuo en cuestión para así reconocer algunas características de su personalidad que nos indiquen que podría acabar siendo un maltratador.
Se suele considerar que durante el periodo de cortejo y noviazgo, tenemos la oportunidad de conocer los hábitos y costumbres, saber de qué familia viene y cuales son los patrones de vida en su hogar, para finalmente concretar la relación por medio del matrimonio o unión de echo. Pero sucede mucho que después, lo que se pensó que era una relación basada en el amor y cuidados mutuos, resulta ser todo lo contrario: muy pronto nos encontramos viviendo con alguien que sencillamente cambió inmediatamente después del matrimonio o de la unión.
Surgen preguntas y sentimientos confusos, “¿Qué hice mal?”, “¿en qué me equivoqué?” generando sentimientos de culpabilidad y frustración en la persona afectada, que busca excusas por las que su pareja se convirtiese en un maltratador sin ninguna razón aparente. Incluso llegando a pensar que su carácter podría ser debido a una enfermedad o problema mental, sin embargo diariamente podríamos estar frente a frente con el maltratador de su pareja, por que estos individuos ni están enfermos ni tienen un problema mental, y por eso mismo es que la mujer se casó con él, sintiéndose segura y creyéndolo el hombre que pretendió o fingió ser durante el tiempo de noviazgo.
La cuestión es, que por muchas precauciones que se tomen, por mucho que se conozca o se piense que se conoce de él, no hay un patrón concreto que indique que es o que se va a convertir en un maltratador, porque supo edificar muy bien “su imperio” en el que sólo él y a su manera, tomará decisiones y se hará lo que él dice y cuando lo dice, por algo se ha convertido en la “autoridad” del hogar.
No hay un grupo determinado de individuos que indique el lado adverso de estas personas, porque sin importar estatus social, económico, estudios, creencias y/o prácticas religiosas, saben como “disfrazar” su comportamiento tras las puertas cerradas de su hogar, o simplemente lo niegan, se mienten a si mismos porque de acuerdo a lo que ellos piensan, sólo están jugando el rol “que como hombres les corresponde”.
El abuso continúa porque el individuo necesita constantemente establecer su “superioridad masculina” se convierten en manipuladores natos, y muchas veces juegan un papel de víctimas, responsabilizando a la mujer de ser la causante de su conducta, sin demostrar el más mínimo interés en desarrollar la empatía y colocarse en el lugar de su verdadera victima. Ignoran así los verdaderos efectos de sufrimiento del maltrato, porque necesitan reafirmarse ante si mismos que todo lo pueden y tienen derecho a todo, y que si alguien tiene que perder en todo no son ellos, porque para ellos es intolerante la idea de perder.
La mujer se aísla, disculpa y perdona aunque en la relación sólo se haya convertido en un objeto, piensa que debe cumplir los deseos de su pareja y se somete a su servicio. En estas condiciones, tiene a aislarse emocionalmente, no se atreve a expresar sus emociones, excepto por medio de la cólera, muchas veces sale calladamente para no “provocar” la cólera de su pareja.
Desafortunadamente, una vez dentro de la relación no importa cuánto se someta la mujer al hombre y qué haga para intentar cambiar al hombre, nunca lo logrará. No sólo eso, sino que incluso le resultará muy difícil separarse de su maltratador, porque el hombre que recurre al maltrato no lo hace para romper con un compromiso, sino más bien lo que necesita es mantenerla unida y sujeta a él, lo cual la obliga a un comportamiento determinado sin escapatoria aparente, para mantener “su poder masculino”.
¿Qué hacer cuando se está en una relación abusiva?
No es algo en lo que se pueda tomar remedios inmediatos, pero sí se puede gradualmente informar a familiares, tanto propios como suyos, acerca de lo que se está sufriendo, hablarlo con amigos allegados, hablar cuanto se pueda para que los de nuestro entorno se enteren de que lo que ven es superficial, sólo la fachada de un maltratador.
Debes perder el miedo, recordando que el poder del hombre maltratador aumenta cuando se da cuenta de que es temido.
Buscar instituciones y agrupaciones que se dediquen a proteger a la mujer y a los hijos, que viven cualquier tipo de abuso.
Evitar hasta donde sea posible, confrontaciones con el maltratador, tomando en cuenta que hará uso de su fuerza física para someterte, busca ayuda o un intermediario.
Debes salir de la rigidez de tus pensamientos pensando que no hay salida, si la hay.
No temas sus amenazas, eso es lo que él quiere, intimidarte haciéndote creer que si te vas, te quita a tus hijos.
No le creas cuando te diga que “no sabía lo que hacía”, él sí sabe lo que hace, lo ha sabido siempre.
No le creas cuando te diga “tú me provocas”, tú no has provocado nada, es él quien no te permite que hagas lo que necesitas, trabajar, arreglarte, visitar a tu familia y hacer las cosas a las que tienes derecho.
Creo que cuando desechemos al “ídolo” de su pedestal, cuando entendamos y aceptemos que no es ni poder ni derechos lo que le asiste, sino más bien una baja autoestima que el hombre trata de disimular con gritos, abuso verbal y físico, para sentirse superiores y para conseguirlo que mejor que abusar de quienes le rodean a quien creen inferiores y débiles, una vez en una relación, aunque no siempre es difícil, aunque no imposible salir de ella.
Mujer esposa, mujer amante, mujer novia, temprano en un matrimonio podrás reconocer señales de lo que podría ser un matrimonio a largo plazo, donde te quiten tus derechos de hablar, de opinar, cuando te lo evitan con gritos y mas aun con un golpe, cuando te dicen “no es para tanto”, “tú exageras”, “estás loca”, “tú me provocaste”, “tú te lo buscaste, yo no te pegué, sólo te empujé” son señales que debes buscar ayuda, háblalo, denunciarlo, no calles, porque el que calla otorga.


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